En diálogo con Karina Dotto, miembro de la ONG proteccionista “Caballos de Quilmes”.

¿Quiénes forman parte de la ONG y cómo trabajan?
Somos aproximadamente siete personas, más algunos voluntarios. No es fácil el trabajo de una ONG porque es ad honorem. No tenemos ayuda del Estado. Recibimos colaboración de la gente por la página (difunden medios de donación por el Facebook “Caballos de Quilmes”). Tenemos una tiendita que abrimos los fines de semana en las distintas plazas. Con esas cositas que vendemos, muchas artesanías nuestras, compramos la comida y los tratamientos veterinarios que son muy costosos. Nos armamos en el 2012, y hace un año que fuimos reconocidas por entidad de bien público del Municipio, como una asociación civil sin fines de lucro. Tenemos un veterinario especialista en equinos, que lo puso la gestión de Gutiérrez en el 2014, ante nuestra demanda por encontrar caballos caídos y muertos en la vía pública. Tenemos domicilio físico en Quilmes, pero nuestros rescatados están en un campo privado.

¿Dónde está el campo?
No damos esa información para evitar robos y cuatrerismo, y porque estamos amenazadas también. Ya hemos sufrido robos cuando nosotras recién llegábamos a este lugar, y decir la dirección es exponer a nuestros rescatados. Es muy común en el conurbano bonaerense el cuatrerismo y el abigeato. Hoy por hoy no hay demasiados controles. La Policía rural no da abasto y ya las ciudades como Quilmes, La Plata o los cascos muy urbanos están llenos de caballos. Dejaron de ser parte de lo rural para convertirse en parte de la ciudad, de lo cotidiano. Hoy, ves un carro traccionando en plena avenida.

¿Todos los caballos que atienden son de Quilmes?
La mayoría, sí. Tenemos casos específicos, como el de Lupita. Fue traída de Zona Oeste, con un queloide importante, que es una infección en la pata derecha. Una yegua que había sido de descarte, necesita atención y curaciones permanentes. Tenemos otro, Oliver, de Florencio Varela, que es un descarte de jineteada. Un caballo muy grande. Suponemos que en una de las jineteadas ha sufrido una contorsión de tendón, según lo que nos decían los vecinos que nos llamaron y lo encontraron tirado. Todo eso implicaba un fuerte dolor y que el animal no se pueda mantener en pie. Oliver ya lleva con nosotros casi dos años y sigue con tratamiento médico, pero hemos logrado revertir el cuadro, y que hoy por hoy pueda manejarse por sus propios medios.

¿Qué te motivó a ser proteccionista de caballos?
Yo me sumé a un reclamo de gente que ya estaba en el tema. De casualidad, por amor a los animales y porque veía que la situación se agravaba y era insostenible ver a los animales caídos o ver casos por redes sociales. Sentía impotencia, porque no es un perro que vos levantás, lo curás y das en adopción. Es un animal de gran porte, muy sensible, que cuando cae es para no levantarse más. Entonces uno lo ve tan gigante y fuerte, acarreando pesos extremos de 400 o 500 kilos, pero el caballo es lo más sutil que hay. Dijimos “bueno, vamos a armar una ONG como para, al menos, estar reconocidos en el Distrito”, porque llegábamos a hacer una denuncia, estábamos diez horas en una comisaría, y los fiscales no nos entregaban el animal, sino que lo restituían al maltratador. Una vez que organizamos la ONG y los fiscales entendieron que no somos extremistas y no andamos secuestrando caballos porque sí, sino que son los que ameritan secuestros, un descanso y tratamiento médico, no morir en la vía pública…entendieron que somos una ONG seria, con sus dificultades y carencias, pero respondemos por la vida de ese animal. Hoy en día, es la Policía, muchas veces, la que para de oficio en estos casos ¡Hasta hemos parado un caballo haciendo una mudanza encima!

¿Qué implica maltratar un animal?
Cuando uno no puede darle a un animal una vida digna, eso es maltrato. Después está toda la cuestión social de que la gente trabaja con caballos, y yo puedo entenderlo. Nuestro proyecto lucha porque esa gente tenga una dignidad laboral. Mi ONG no quiere sacar los animales a los cartoneros que viven de eso, pero sí solicitamos que lo hagan con otro medio de transporte. Que sea el Estado que le provea una moto o bicicleta. Ellos tienen cooperativas de trabajo y pueden organizar la recolección de residuos o de material reciclado sin exponer a un animal al asfalto. Ahora viene el verano ¡y caen como moscas! Nosotros tenemos un promedio de uno a tres caballos muertos por día en Quilmes. El último saneamiento del arroyo Las Piedras dio ochenta cadáveres, en febrero de este año.

¿Ese arroyo es la zona por la cual reciben más denuncias?
Es todo el tiempo recibir alertas de caballos caídos, y cuando llegamos, están muertos. El arroyo Las Piedras en Solano es el cementerio de caballos. Los transportan y tiran ahí, muchas veces vivos, agonizando…entonces, no es que uno está emperrado en hacerle la vida imposible al carrero, al pobre trabajador…que sigan haciendo esa actividad tan loable. Reconozco que es sumamente importante para el Distrito, pero necesitamos y exigimos que lo hagan de otra forma. El caballo no es un objeto, dejó de serlo ante el código penal. Es un sujeto de derecho, como vos y como yo.

¿Qué puede hacer el ciudadano ante una situación de maltrato hacia un animal?
La primera instancia es reclamar al 911. El que tiene que actuar, y tiene la obligación de hacerlo porque hay una ley nacional de maltrato (la 14346) y estamos amparados ante eso, es la Policía. Y que también haga un grupo de WhatsApp con amigos y familiares donde narre la situación, las calles donde está ese animal maltratado, para que refuercen el llamado. Una vez que acude la Policía, el ciudadano común no tiene más nada que hacer porque después el resto lo hacemos nosotras: todos los trámites administrativos, la contratación del batán, que es el carro para llevar caballos, los insumos veterinarios y atenciones, pero necesitamos el compromiso de la gente.

Una vez que el caballo está rehabilitado ¿Qué pasa con él?
La ley dice que somos depositarias judiciales. Cuando se cierra la causa, porque el juez o fiscal indica que se comprobó el maltrato, disponemos del animal. Los ofrecemos en adopción con un contrato y un seguimiento. Primero, se hace un análisis ambiental. Se comprueba con nuestra visita que el lugar es apto para tenerlo y que no lo van a utilizar para nada. Ya el animal es una mascota. Dejan de ser objetos cuando se suman en la ONG. Como sujetos de derecho, nosotras les vamos a proveer todo el bienestar que sea posible: una familia que los dignifique, los quiera, los alimente y los cuide. En todos los casos hay seguimiento, con su historia clínica y ambientales. Los requisitos mínimos son que el lugar esté cercado y que viva gente ahí. Todo lo que le pase al caballo, sea un robo, una enfermedad, lo tiene que saber la ONG.

Antes hacías referencia a las “dificultades y carencias” como ONG, ¿cuáles son?
Nosotras pedimos un predio propio para poder alojar los animales y hacerles la anemia equina, que es el primer análisis de sangre que se hace cuando tenemos contacto con el animal. Es una enfermedad altamente contagiosa entre caballos, no tiene cura y es mortal. SENASA, que es el encargado de hacer esos estudios, viene y dictamina el decomiso del animal ante un positivo de anemia. Esto es una reglamentación de hace años, y muchas veces ellos pretenden llevarlos al matadero. Impedimos, no permitimos, que se lo lleven allá, para poder saber las condiciones en la cual falleció. Se duerme y se entierra en nuestro campo. Otra cosa que estamos pidiendo es que se declare la emergencia sanitaria. De allanamientos nomás tenés un (caso de anemia) positivo, que ha convivido con cientos de animales alrededor. En nuestra ciudad todo está mal, desde que estos animales no tienen documentación, no los registran, no los vacunan y tampoco hacen el análisis de anemia. El caballo de carro es un círculo vicioso: empieza con su robo, la venta del cuatrero hacia los carreros que le pagan en cómodas cuotas por semana, el caballo termina en un carro. Cuando se muere, porque no les proveen ni agua ni alimento, son descartados.

“CABALLOS DE QUILMES”, EN NÚMEROS

Más de 40 adopciones

Más de 150 caballos recuperados

Más de 55 equinos en recuperación