Una investigación busca desanudar los sentidos que el cine erótico e Isabel Sarli despertaron y significaron miradas sobre el sexo, la sexualidad y las identidades de género en la década del sesenta y setenta en Argentina. 

Por Ailin Basilio Fabris*

En junio de 2019, la actriz Isabel Gorrindo Sarli, popularmente conocida como la Coca, falleció después de una larga batalla de salud que había empezado a principios de este año. Su muerte despertó distintos homenajes en los días posteriores. A pesar del paso del tiempo, esta figura dejó una huella indeleble en cómo ver, sentir y comprender el sexo; y cuya vida estuvo teñida de violencia masculina.

Nacida en Entre Ríos en 1936, una muy joven Isabel llegó a Buenos Aires con su madre. Su padre estuvo ausente desde la infancia. Estudió para ser secretaria y fue descubierta por un productor mientras trabajaba, comenzando así una carrera de modelaje gráfico y culminando como Miss Argentina en 1955. El golpe de Estado de ese mismo año truncó su participación en Miss Universo, pero aún la esperaba otro escenario: el de la actuación, de la mano de su relación con el director, actor y productor de cine argentino Armando Bó.

Desde 1958 hasta 1981, la imagen de Sarli se asoció al desborde, la exuberancia, la violencia y el placer mediante el cine erótico que la tenía de protagonista. Su nombre está sujeto a un imaginario que la considera una sex symbol trasnacional y un objeto de consumo, valiéndole entrevistas y apariciones en revistas internacionales, como Playboy, y nacionales, como Antena, Sintonía, Gente y Siete Días.

Esta información dio al inicio de una investigación en la Universidad Nacional de Quilmes, por la que buscaba analizar la producción de películas eróticas y cómo los críticos de cine y los espectadores tomaron estas narrativas. Estudiar el impacto del cine erótico de Bó y Sarli permite preguntarnos qué mirada histórica y local se fue constituyendo. Encontré que esta mirada fue la masculina, acerca de nuestra sexualidad y cuerpos.

El consumo social del cuerpo de Isabel Sarli pone en relieve qué ideas alojadas en el “sentido común” y qué condicionamientos morales produjeron discursos sobre lo íntimo, lo privado como asuntos personales, cuando en realidad, hoy se comprende que son aspectos políticos y de cuestión pública. Esto toma especial relevancia en el contexto actual, en que la visión de género ocupa un rol vital y una serie de claves para leer e interpretar la posición de la mujer en momentos pasados.

Sin dudas, considerar el cuerpo femenino desde esta perspectiva nos permite poner en el tapete que este fue cosificado y sexualizado. Sin embargo, es destacable identificar cómo las mujeres oscilaron entre dichas condiciones de vida patriarcales y su desarrollo personal. A pesar de que Isabel Sarli fue asociada a la imagen de Bó (lo que luego la llevó a permanecer por fuera del mundillo del espectáculo), su sola presencia en la escena del cine habilita estos días un reconocimiento diferente al de aquella época, tanto entre el público de ese entonces como en el de generaciones posteriores.

Investigar sobre personalidades de nuestra cultura popular nos da la posibilidad de repensarnos como sociedad. En este sentido, las universidades abren cada vez más el juego a interrogar lo cotidiano como terreno de nuestras identidades, posicionamientos y relaciones sociales, políticas, culturales desde una perspectiva de género.

Las investigaciones en Ciencias Sociales permiten, entre otras cosas, reflexionar sobre el lugar urgente que las sexualidades y sus partícipes ocupan en la actualidad. En tanto no debatamos sobre el goce, el placer, el erotismo y el disfrute desde posiciones igualitarias, diversas y emancipatorias, las posibilidades en la investigación científica y en las luchas feministas continuarán siendo agenda de sólo algunos pocos.

*Licenciada en Ciencias Sociales (UNQ). Becaria del Centro de Estudios en Historia, Cultura y Memoria (CEHCMe)