Tan solo pasaron 45 días del inicio de un nuevo año, un mes y medio de que comenzó el 2020, y ya murieron ocho niños y niñas de la comunidad Wichi. La situación requiere atención y la requiere ahora.

Por Dr. Eduardo Néstor Balian – Director del periódico Nueva Época

 

En cuarenta días que pasaron desde comienzo del año murieron ocho niños y niñas de la comunidad Wichi de Salta por desnutrición. Es una tragedia.

Ocho inocentes víctimas que no pudieron soportar la pobreza extrema que los privó de comer y beber agua potable, mientras en otras partes del país, intendentes y gobernadores gastan millonadas en asados, festejos y festivales artísticos para que se distraiga su público mientras los aborígenes Wichi, que perdieron sus tierras ancestrales, se mueren de hambre, de sed, de infecciones y de desnutrición.

«Mi niño tiene hambre de agua», declaró una mamá de la Comunidad Wichi a Periodismo para Todos, en el año 2013. Pasaron casi siete años y no sólo no mejoraron las condiciones de salubridad, alimentación y pobreza extrema, sino que se agravaron.

Los gobiernos de Chaco, Formosa y de Salta, donde están instaladas las principales comunidades aborígenes Wichi, no han demostrado hacer nada para revertir la situación de estos seres a quienes se los priva de los más elementales derechos humanos, como el derecho a la vida, a la salud, a la alimentación y a la vivienda digna.

Elisabeth Ferrer, una médica que trabaja en las comunidades Wichi, dijo que «hay una exclusión de los pueblos originarios en general, pero donde más impacta es en el estado nutricional y en la calidad de vida». El problema esencial, es que «estas personas han sido expulsadas de sus territorios y perdido la posesión comunitaria de la tierra». Al perder el monte se quedaron sin su fuente principal de alimento y entre estos el agua. «Esto va ocasionando un deterioro de la salud en todas las edades, pero los niños, al ser los más vulnerables, son lo que fallecen en mayor proporción. Con un estado inmunológico deprimido por la desnutrición, cualquier microorganismo les provoca una enfermedad que en ellos termina siendo grave» (Informe de la Dra. Ferrer en diario La Nación, 16 de Febrero de 2020, Sección Comunidad, pág.14)

En el centro de salud de La Puntana (Salta), hace trece meses que no tienen agua ni médico. Sólo reciben la visita de enfermeros y la atención de organizaciones como Pata Pila que no dan abasto. Pata Pila es una organización civil franciscana integrada por miembros de todo el país que ayuda a la alimentación y mejoramiento de las condiciones de vida de las comunidades autóctonas.

La sociedad argentina no puede seguir desentendiéndose de la obligación que tiene de ocuparse por las necesidades básicas de la gente. Son niños y merecen toda la protección estatal y de toda la sociedad.