No es por el Covid-19  que el sistema judicial esté inhabilitado desde  hace ya dos meses, cuando días antes de decretarse el Distanciamiento Social Obligatorio, el Poder Judicial de la Nación y de la Provincia de Buenos Aires, resolvieron dar asueto.  Desde entonces La Justicia Civil y Comercial está hibernando como hibernan  ciertas especies de osos cuando el medio les es adverso.

Justicia paralizada. Y por lo que hasta ahora parece, sin ninguna idea de dar alguna salida al problema.

En estos dos meses hemos visto armarse muchos hospitales modulares en tres semanas;  salas con camas de terapia intensiva en una semana; proyecto, fabricación y entrega de respiradores que ya están salvando vidas en 20 días; aprovisionamiento de test importados activos y en aplicación desde hace varias semanas;   en fin,  todo un despliegue sanitario y de inteligencia para la prevención, aislamiento, y tratamiento del Coronavirus.

Los bancos trabajan normalmente; las empresas se adaptaron inmediatamente para no parar. Sus funcionarios trabajan con la notebook sobre la mesa de casa; etc.

La ciudad de Buenos Aires habilitó peluquerías que no pueden trabajar en forma virtual y “agencias de lotería”, de las que no sabíamos serían más importantes que La Justicia que sigue invernando como el Oso, sin saber hasta cuándo.

Mientras el mundo se adaptó dinámicamente a la circunstancia y sin suspender clases se revirtió la presencialidad escolar en virtualidad,  se hacen reuniones y cursos online, clases escolares en plataformas digitales, el trabajo a distancia que permitió inclusive la reapertura del Congreso y el voto electrónico de los legisladores, las máximas autoridades del Poder Judicial, tanto de la Nación, como de la Provincia de Buenos Aires siguen durmiendo para demostrar que tienen menos idea y agilidad que una tortuga, cuando se trata de salir al cruce de una situación complicada.  No queremos malpensar que se trata de un paro encubierto.

No se debe exponer a los empleados, funcionarios y magistrados judiciales a que  vuelvan a estar reunidos en minúsculos y peligrosos espacios llenos de expedientes de piso a techo, que atiendan a profesionales y público en mesas de entradas, para ponerse en riesgo propio y ajeno,  sino de la inmediata puesta en marcha de trabajo a distancia,  como hacen grandes empresas con complejidades mayores a la de un expediente judicial Civil y Comercial, o laboral.

A distancia, y gracias a la tecnología actual, el Juez pueda revisar las peticiones de las partes, el despacho de sus colaboradores y firmar desde su casa. Como lo han hecho diputados y senadores.

Nos preguntamos: ¿a las Cortes de nuestro ámbito geográfico (Nación y provincia de Bs As) no se les ocurre nada para que el personal del Poder Judicial trabaje en forma virtual, con todas las seguridades de la firma electrónica, y audiencias por teleconferencia?

Hasta cuando los abogados jóvenes que no tiene un empleo a sueldo, y viven ellos y sus hijos de la terminación y cobranza de honorarios por juicios deberán seguir ahogados por no poder pagar la escuela, la cuenta de las tarjetas de crédito cargadas de supermercado,  la cuota del auto y el seguro, las facturas de gas, teléfonos, internet, televisión,  los gastos normales de una familia, sólo porque a los señores Ministros cuyos haberes rondan de entre 700 a 800 mil pesos mensuales netos, (porque no pagan impuesto a las ganancias), siguen durmiendo en sus majestuosos sillones de cuero ?

Una abogada con pocos años de ejercicio, muy angustiada,  confió a Nueva Época que estaba arrepentida de ser profesional independiente. “Al final es mejor ser empleada de un banco o estar en un municipio. Ahora no puedo pagar el alquiler de mi casa y la escuela de mi hijo porque no cobro nada. Ser abogada independiente no me  sirvió para nada. Después de la feria de enero nos agarró esto. Mi nene puede seguir las clases por Zoom. Yo lo ayudo y tomo mate, pero cada día me endeudo más”

En los juzgados civiles y comerciales de Quilmes,  hasta lo que sabemos, hay actos que se pueden hacer cumplir por la buena voluntad de las juezas de los juzgados 3  (Dra Español) y 10  (Dra Vivian Diaz). Lo mismo que en el Tribunal de Trabajo Nro 5, cuyo presidente, el Dr Ghibaudi comunicó que seguía respondiendo consultas vía mail. Igualmente, no se puede avanzar porque no está habilitada la reunión a distancia, lo que impide tomar audiencias, como ya se hizo en juzgados penales de otras jurisdicciones.

La solución de la parálisis de la Justicia no admite más dilación.  La sociedad no puede seguir esperando por un servicio que puede cumplirse perfectamente sin la presencia física de los distintos actores en el proceso. No hacerlo es seguir  condenando a las partes a la denegación de Justicia,  y a los abogados y abogadas al sufrimiento y agobio económico.