Su uso es obligatorio, tanto en espacios públicos cerrados como al aire libre. Sin embargo, un mal uso de la misma puede conllevar importantes riesgos

Se han convertido en un objeto indispensable si vamos a salir de casa. Las mascarillas seguramente serán los utensilios que más recodaremos de 2020, ya que ahora mismos las usan millones de personas de una punta a otra del mundo, convirtiéndose en un útil imprescindible para cuando no se puede garantizar la distancia social con otras personas.

La utilización de mascarillas también puede desencadenar consecuencias no deseadas. Sobre ello han reflexionado Olga Perski, investigadora de la rama de salud y comportamiento social en el University College de Londres (UCL) y David Simons, aspirante a doctor en infecciones zoonóticas del Royal Veterinary College. Ambos han publicado un interesante artículo en la revista ‘Fast & Company’ en el que advierten de varios riesgos asociados a esta defensa artificial contra agentes infecciosos.

En primer lugar, Perski y Simons destacan lo que se conoce como ‘efecto Peltzman’. A la hora de aceptar una medida de seguridad e incorporarla a la costumbre, el individuo tiende a relajarse en otros aspectos de esa misma actividad. Por ejemplo, si nos hemos acostumbrado a ponernos el cinturón cuando vamos en coche, es más probable que andemos más confiados y seguros y entonces pisemos más el acelerador. Si lo trasladamos a la crisis del Covid-19, la seguridad que aporta la mascarilla puede hacer que minimicemos el peligro de otras conductas, como por ejemplo dar abrazos a nuestros amigos o familiares. O más sencillo y peligroso todavía: no lavarnos las manos con tanta frecuencia.

“Aunque no tenemos pruebas claras de que este efecto se esté dando durante la pandemia, algunos estudios ya realizados antes del brote descubrieron que las personas  tenían peor higiene de manos cuando usaban la mascarilla”, advierten los expertos en su artículo. Recuerda: que lleves mascarilla no quiere decir que debas dejar de cumplir con el resto de normas.

No estar bien colocada

El otro gran problema a tener en cuenta es el nivel de adherencia que tiene la mascarilla en nuestra cara. Ya hemos observado que ciertas personas se la tienen que estar recolocando todo el rato porque se les cae o no se les queda muy fija. En este sentido, todavía no hay estudios académicos sobre cómo podemos mantener en su sitio una mascarilla durante horas o minutos. El riesgo más común que aparece en los espacios públicos es el de aquellos que creen que con solo proteger la boca con ella ya no pasa nada. No, la mascarilla debe cubrir nariz y boca para evitar al máximo el riesgo de contagio.

Tocarse demasiado la cara

La mascarilla es un elemento que al no estar acostumbrados a llevarle con nosotros puede incomodar.    Por ello, es más probable que te toques la cara un mayor número de veces si la llevas puesta que si no, lo que también entraña un cierto riesgo nada despreciable. Además, a la hora de colocársela y quitársela se debe tener sumo cuidado si no nos hemos lavado las manos antes.

Es mejor usar mascarillas reutilizables antes que las desechables o de un solo uso

“una persona se puede llegar a tocar la cara en torno a 15 y 23 veces por hora”, analizan Perski y Simons. “Una máscara que pica o que esté mal ajustada puede significar que te frotes los ojos, nariz y boca con más frecuencia. Después de tocar la máscara, existe el riesgo de que tus manos queden contaminadas, y que a su vez propagues el virus por otras superficies